sábado, 22 de julio de 2017

Una tradición de calumnias contra Rusia

Manuel E. Yepe

Un enjundioso trabajo periodístico de Edward S. Herman, que publicó la revista Monthly Review en su edición de julio-agosto de 2017, proporciona abundantes datos acerca de la campaña por la demonización de Rusia que ha sido un objetivo central del New York Times y de la prensa de Estados Unidos en su conjunto desde hace un siglo.

Falsear noticias sobre Rusia es una tradición que se remonta, al menos, a los tiempos de la Revolución de Octubre de 1917. En un estudio acerca de la cobertura del New York Times y la prensa convencional (mainstream media o MSM) de Estados Unidos, sobre la revolución rusa, los entonces prestigiosos periodistas Walter Lippmann and Charles Merz, ambos conservadores, escribieron en el neoyorquino New Republic en marzo de 1920, que “desde el punto de vista del periodismo profesional, la divulgación sobre la revolución rusa ha sido poco menos que un desastre”.

Lippmann y Merz demostraron que el fuerte sesgo editorial en las noticias evidenciaba que los editores querían la derrota de los comunistas y en función de esa imagen denunciaron atrocidades que no ocurrieron y pronosticaron el derrumbe inminente de los bolcheviques por lo menos 91 veces. Hubo una acrítica aceptación de los partes oficiales y de confianza en las declaraciones de unas no identificadas “autoridades superiores”.

Esta manipulación mentirosa de las noticias que se hizo práctica habitual en el New York Times entre 1917 y 1920 fue repetida a menudo en los años subsiguientes. La Unión Soviética se convirtió en el objetivo enemigo hasta la Segunda Guerra Mundial, y el New York Times fue siempre hostil a Rusia. Al finalizar la II Guerra Mundial y siendo ya la Unión Soviética una importante potencia militar que pronto habría de ser rival de EEUU en materia del uso de la energía nuclear para fines bélicos, se inició la guerra fría.

Según el profesor emérito de la Universidad de Pennsylvania Edward S. Herman, “el anticomunismo se convirtió en la religión estadounidense y la Unión Soviética comenzó a ser acusada de aspirar a conquistar el mundo y necesitada de contención. Con esta ideología puesta a punto y bien establecidos los planes de Estados Unidos para su propia expansión global, la amenaza comunista ahora serviría para justificar el sostenido crecimiento de su complejo militar-industrial y de sus repetidas intervenciones, para hacer frente a las supuestas agresiones del imperio del mal”.

Uno de los primeros y más flagrantes casos de mentiras sobre este tipo de amenaza rusa fue la utilizada para justificar el derrocamiento del legítimo gobierno progresista de Guatemala en 1954 por un ejército mercenario financiado, organizado y dirigido por Estados Unidos que invadió el país desde Nicaragua, entonces gobernada por la dictadura de los Somoza, fieles lacayos de Estados Unidos.

Herman explica que  la acción fue provocada por las reformas del gobierno de Jacobo Arbenz que tuvo la osadía de aprobar una ley que permitía la formación de sindicatos, y planeaba comprar (en valoraciones de la tasa de impuesto) y distribuir a los campesinos algunas tierras no explotadas que eran propiedad de la United Fruit Company y otros grandes terratenientes. Estados Unidos, que había apoyado la anterior dictadura de José Ubico durante sus 14 años de duración, no pudo soportar este desafío democrático y el gobierno electo, encabezado por Jacobo Arbenz, fue enseguida acusado de una serie de villanías, y acosado por haber propiciado la toma del gobierno de Guatemala por Moscú.

Al finalizar la II Guerra Mundial y siendo ya la Unión Soviética una importante potencia militar que pronto habría de ser rival de EEUU en materia del uso de la energía nuclear para fines bélicos, se inició la guerra fría.

Tras el derrocamiento de Arbenz y luego de la instalación de una dictadura de derecha fiel a los dictados de Washington en el país, el historiador Ronald Schneider, tras estudiar más de 50.000 documentos incautados de fuentes supuestamente comunistas en Guatemala, demostró ante una corte que no sólo los comunistas nunca controlaron el país, sino que la Unión Soviética estaba demasiado preocupada por sus problemas internos para preocuparse por los de América Central.

En 2011, más de medio siglo después, el Presidente del país, Álvaro Colom tuvo que pedir disculpas por el “gran crimen del derrocamiento violento del gobierno de Arbenz en 1954”, pero jamás ha habido disculpa o incluso reconocimiento de Estados Unidos por su papel en el gran crimen, ni de los editores del New York Times por su complicidad. En los tiempos de la guerra contra Vietnam hubo infinidad de noticias falsas y engañosas en el New York Times y la prensa estadounidense en general, cuyas líneas editoriales eran sistemáticamente de apoyo a la política de guerra.

La situación recientemente creada en torno a supuestos nexos con Rusia de la campaña de Trump indica que el Pentágono, la CIA, los liberal-demócratas y el resto de los que integran el partido guerrerista han ganado una importante escaramuza en la lucha a favor o en contra de la guerra permanente, afirma Herman.

http://www.alainet.org/es/articulo/186977

Seis años de guerra le han costado a Siria 226.000 millones de dólares según el Banco Mundial

Los seis años de guerra le han costado a Siria 320.000 muertos. La mitad de la población ha perdido su vivienda y, además, los daños económicos y la destrucción de infraestructuras suman un total de 226.000 millones de dólares, según cifras publicadas el lunes por el Banco Mundial.

El valor de la destrucción multiplica por cuatro veces el PIB de Siria en 2010, el año anterior a la guerra, ha manifestado Hafez Ghanem, subdirector regional del Banco Mundial en Oriente Medio.

Como consecuenbcia de la destrucción del sistema hospitalario, morirán más personas tras la guerra que en el transcurso de seis años de combates.

Cada año de guerra se han perdido más de medio millón de puestos de trabajo. Un 75 por ciento de los sitios en edad de trabajar (nueve millones de trabajadores) han quedado en el paro. El 27 por ciento de los alojamientos han desaparecido y casi la mitad de los centros médicos y educativos.

Pero la destrucción va mucho más allá de esos datos, asegura el Banco Mundial, “haciendo trizas el tejido social y económico del país”. La guerra ha destruido las instituciones y sistemas que son necesarios para poner en marcha la sociedad y la economía sirias. Reparar el funcionamiento de estas instituciones será un desafío mayor que la reconstrucción de las infraestructuras.

Si la guerra finalizara hoy, en cuatro años el PIB podría recuperar el 41 por ciento del nivel que tenía en 2010.

Hoy los representantes diplomáticos sirios ante la ONU han exigido que Estados Unidos y sus aliados paguen por las destrucciones causadas y por bombardear ilegítimamente objetivos civiles.

Además, Siria sigue exigiendo la detención de los ataques aéreos de los imperialistas que no apartan nada a la victoria sobre el yihadismo, masacran a la población civil y destruyen infraestructuras vitales.


La Segunda Guerra Mundial la ganó Hollywood

Fernando Arancón

[...] El mundo occidental ha distorsionando el tamaño de los distintos actores que participaron en un momento tan importante para la Historia como la caída del nazismo. Con un mínimo de rigor histórico, a nadie escapará que el papel de la Unión Soviética fue, como mínimo, tan importante como el del bando aliado. Sin embargo, la representación de este hecho en la cultura popular es prácticamente inexistente. Como es de esperar, motivos no faltan, desde una medida campaña publicitaria y propagandística proveniente de Estados Unidos por razones geopolíticas a la rentabilidad que todavía hoy suscitan los productos relacionados con la Segunda Guerra Mundial. No es un tema menor; a fin de cuentas se dilucidaba quién había ganado uno de los conflictos bélicos más importantes de la Historia.

El poder del cine es espectacular. Su papel histórico para moldear conciencias ha ido intrínsecamente ligado a una opción de ocio tremendamente popular en los países occidentales desde los años veinte y treinta del siglo pasado. Era lo suficientemente barato como para que las clases trabajadoras pudiesen permitírselo con asiduidad y lo suficientemente popular para que los más pudientes también quisiesen asistir a las proyecciones. Esta afición hizo del cine el primer producto cultural consumido a gran escala en las sociedades desarrolladas. El poder de la imagen le otorgaba una ventaja fundamental sobre la radio, por lo que rápidamente algunos Gobiernos tomaron conciencia de los beneficios que se podían obtener de su instrumentalización política.

El uso del cine en la propaganda de la Alemania nazi es bien conocido y supone uno de los primeros ejemplos de cómo este arte se convierte en un pilar clave en la homogeneización del pensamiento, no ya por la censura, que cribaba qué se podía ver y qué no, sino por el despliegue técnico y artístico que hacía de la propaganda un producto agradable de ver. No hay que olvidar que el cine siempre ha sido la suma de un conjunto de elementos y el mensaje es solo uno de ellos, no necesariamente el más importante. Así, el cómo se contaba era tan importante como qué se contaba.

Estados Unidos comenzó a tomar buena nota de aquello en los años previos a su entrada en la Segunda Guerra Mundial (IIGM) y realizó un importante —aunque en muchos casos torpe— despliegue una vez quedó inmerso en el conflicto. Antes del ataque a Pearl Harbor, la división en la sociedad estadounidense entre los que propugnaban la entrada en la guerra y aquellos que reclamaban el aislacionismo más absoluto era evidente, por lo que el entonces presidente Roosevelt y especialmente su Estado Mayor eran conscientes de la acuciante necesidad de que toda la sociedad tuviese una opinión medianamente uniforme en caso de que el país tuviese que entrar en guerra. Huelga decir que la Administración de entonces, si bien tenía inclinaciones intervencionistas, eran más una cuestión estratégica que deseos reales de entrar en el conflicto. Hasta aproximadamente 1942, el único potencial del que gozaba Estados Unidos era el económico-industrial y el naval. Solo cuando la guerra estalló en Europa comenzaron a plantearse en Washington una verdadera modernización y expansión de los efectivos militares.

Ante la inminencia de la guerra, un doble problema se cernía sobre la sociedad estadounidense. Por un lado, la población, en su mayoría ajena a los sucesos que se estaban viviendo en Europa, debía ser puesta al día sobre qué ocurría en el Viejo Continente y cuáles eran los motivos por los que la Alemania nazi —y posteriormente el Imperio japonés— debían ser derrotados. La segunda cuestión consistía en formar adecuadamente a los millones de reclutas que se incorporarían a filas en cuanto fuese firmada la primera declaración de guerra. Para ambos aspectos, el cine se convertiría en una herramienta fundamental, un elemento de cohesión identitaria tanto en el territorio nacional estadounidense como en el frente.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses plantearon reclutar a algunos de los directores de cine más reputados de la época, hoy auténticas leyendas de la cinematografía. En aquellos turbulentos cuarenta se unieron a la empresa John Ford —ya consagrado con La diligencia y Las uvas de la ira—, John Huston, William Wyler o Frank Capra, entre otros. Su misión: trascender los hasta entonces simples documentales militares y llegar al público estadounidenses con producciones de calidad, profundas y que revelasen el trasfondo de la guerra —siempre y cuando la censura militar lo permitiese, lógicamente—. Aquel proyecto tuvo una acogida dispar pese a contar con ambiciosos despliegues como el diseñado por Capra, llamado Por qué luchamos. Sin embargo, este episodio, que ha pasado a la Historia de manera bastante discreta, marcó tanto a los directores personalmente —Ford fue herido en Midway y Wyler se quedó sordo tras volar en un B-25— como su filmografía posterior y el propio devenir del cine en décadas posteriores. En absoluto es casualidad que nada más regresar de la guerra, en 1946, Capra se pusiese tras las cámaras con Qué bello es vivir, película merecidamente presente en cualquier clasificación de las mejores producciones de la Historia del cine como un alegato de la bondad humana y la primacía del bien sobre el mal.

¿Conocen Cuando pasan las cigüeñas, Masacre: ven y mira o La infancia de Iván? Las tres son películas soviéticas —de las mejores, según los críticos— sobre la Segunda Guerra Mundial. Un vistazo rápido por repositorios especializados de cine nos muestra que su popularidad es notoriamente más baja entre el público general que largometrajes como El puente sobre el río Kwai, La gran evasión o Patton, contrapartes occidentales de la misma época. Es lógico pensar que esto se puede deber a un simple sesgo de proximidad: durante la IIGM, los europeos occidentales consumen cine más cercano geográficamente, mientras que el público europeo oriental prefiere películas que se desarrollan en el extenso frente ruso. Esto, si bien tiene cierta validez por cuestiones de mercado —el europeo occidental es un mercado numeroso y de alto poder adquisitivo—, choca con la enorme asimetría de filmes que abordan la lucha en los distintos escenarios donde se desarrolló el mayor conflicto jamás visto por el ser humano.

El ejercicio es bien sencillo: ¿cuántas películas conocidas tienen como centro el frente soviético? Puede que la más conocida sea Enemigo a las puertas (Reino Unido, 2001) y Stalingrado (Alemania, 1993) como posible segunda opción. Si hilásemos en extremo, podríamos incluir El pianista, lo que también haría entrar La lista de Schindler, pero estas, temáticamente hablando, tienen más relación con el Holocausto —que sí ha sido tratado en el cine con cierta profundidad— que con la guerra en sí. La ausencia de producciones audiovisuales sobre el frente oriental es, por tanto, abrumadora. Leningrado, Moscú, Járkov, Sebastopol, Kursk, el avance sobre Europa oriental o la batalla por Berlín  aquí aparece El Hundimiento— son logros soviéticos no correspondidos en la cinematografía, por lo que no es extraño que esta tendencia continuada haya favorecido la invisibilización de la labor soviética en el conflicto.

En los años inmediatamente posteriores a la finalización del conflicto hubo en los países europeos una ola importante de cine desde esta perspectiva. En buena medida, era una forma de recomponer la identidad nacional y demostrarse cómo se habían deshecho de la Alemania nazi. Guerrilleros, mártires y héroes se entremezclaban con un costumbrismo de posguerra que intentaba aparentar cierta normalidad. La danesa La tierra será roja o la conocida cinta de Rossellini Roma, ciudad abierta, ambas de 1945, son buenos ejemplos de un estilo que se volvió común en Europa. Sin embargo, la moda no duró mucho tiempo. Conforme los países involucrados entraron en nuevas dinámicas económicas e internacionales, la IIGM, artísticamente e identitariamente hablando, perdió importancia.

En los estudios estadounidenses y británicos sí hubo un goteo constante de películas sobre el tema. Había historias y momentos de sobra para narrar, especialmente en el doble frente europeo —Italia y, posteriormente, Francia—. Sin embargo, esta etapa, que se extiende sobre todo entre los años 60 y 80, es probablemente la de mayor peso propagandístico. La guerra se convierte en algo bastante limpio, sin sangre y sin los niveles de destrucción que se verán en las pantallas a partir de los noventa, y la infalibilidad estadounidense contrasta con la suma torpeza de quienes tienen la desgracia de formar parte de la Wehrmacht —Fuerzas Armadas de la Alemania nazi—. Este cine repasa todas las grandes contiendas en las que los estadounidenses —y quizás algunos de sus aliados— se vieron envueltos en Europa o el Pacífico. Además, la industria no escatima en reunir a las caras más conocidas de la época para cada una de sus películas; La batalla de Midway, con Charlton Heston, Henry Fonda, Glenn Ford y Robert Mitchum, refleja claramente cómo se enfocaban este tipo de películas.

Será durante estos años cuando el trasvase histórico se consolide. Estas películas no son cualitativamente buenas, pero sí suponen un despliegue y un tirón de público elevado. De esta manera, ante la inexistencia de cine sobre el frente oriental en Europa, se crea la percepción de que solo Estados Unidos hizo el esfuerzo necesario para vencer al nazismo. Lo que pasase en lo que en aquellos años era el otro lado del Telón de Acero era irrelevante.

También hay que considerar que, desde un punto de vista cinematográfico, el frente ruso es más homogéneo que la diversidad de escenarios del resto del conflicto. Sin entrar en la narrativa, cuyas posibilidades son siempre prácticamente infinitas, el frente oriental se divide en la gran llanura oriental europea o las ciudades. Por ello, este cine parece haberse atascado en el “Vista una, vistas todas”. Evidentemente, esta lógica no hace honor a la cantidad de situaciones políticas, sociales y bélicas vividas en el este de Europa entre 1939 y 1945; más allá de los filmes centrados en Stalingrado se han conseguido hacer otros tan decentes como La cruz de hierro (1977). No obstante, al contrario que Estados Unidos, la Unión Soviética no consiguió explotar su papel en este episodio histórico.

A pesar de hacer numerosas películas —un largometraje patriótico era un seguro para evitar la censura—, la lógica ideológico-cultural soviética los alejaba de ese escenario. Nada tenía que ver aquel cine con el de Serguei Eisenstein, quien además de introducir grandes innovaciones había fortalecido enormemente la identidad nacional soviética. Ya fuese por los menos recursos disponibles, el menor talento artístico de los directores soviéticos dedicados a este género o la omnipresencia de las autoridades en la producción de las películas —cosa que acabó cansando a directores como Tarkovski, que huyó a Suecia—, en el este de Europa no se generó un relato sólido a través del cine sobre su papel en la mayor de todas las guerras. Otra derrota soviética, como ya ocurriese con la música, en la lucha por la hegemonía cultural.

[...] El público europeo occidental sigue creyendo que la victoria aliada en la IIGM —o, más concretamente, la derrota de la Alemania nazi— fue gracias al esfuerzo estadounidense. Esta creencia está lejos de revertirse, aunque países como Rusia, por ejemplo, en un refuerzo de su identidad nacional, está rescatando episodios de su Historia durante esos seis años en largometrajes, al menos en lo visual, impactantes. Puede que con el tiempo consiga colocar alguna producción entre las más vistas o las más premiadas del año, si bien esto aún se antoja lejano. Entretanto, la Segunda Guerra Mundial la habrá ganado quien Hollywood diga.

http://elordenmundial.com/2017/07/06/hollywood-el-ganador-de-la-segunda-guerra-mundial/



viernes, 21 de julio de 2017

La prensa de Estados Unidos habla de ‘victoria’ de Putin en Oriente Medio

El anuncio a bombo y platillo de que a partir de ahora Estados Unidos dejará de apoyar a los yihadistas en Siria ha sido recibido en las redacciones de las grandes cadenas como una victoria de Putin. Es una constante en la historia del imperialismo estadounidense: cada vez que se ven obligados a firmar un acuerdo con alguien lo consideran como una derrota.

Como ya expusimos hace un año y medio, en 2013 la CIA puso en marcha la Operación Timber Sycamore para apoyar la guerra de los yihadistas contra el gobierno de Bashar Al-Assad. Entonces el Washington Post, portavoz oficioso de la CIA, reconoció que dicho operativo se hizo necesario porque los yihadistas estaban perdiendo terreno (1).

No obstante, la CIA había planeado, armado y organizado a los yihadistas bastante antes del inicio de la guerra en 2011, por lo que la prolongación de la misma, los sufrimientos de la población y la destrucción de las infraestructuras es de la exclusiva responsabilidad de los imperialistas.

El operativo cayó cuando en setiembre de 2015 Rusia entró en la guerra porque los yihadistas volvieron a perder terreno alarmantemente. La batalla de Alepo fue la puntilla que ha obligado al cambio de estrategia. Las cosas no son, pues, como las cuenta Washington Post; Trump no está cambiando la política exterior de Estados Unidos (2). Lo que ocurre es que ha fracasado en el único terreno en el que los fracasos de los imperialistas son definitivos: el militar.

De ahí que la prensa intoxicadora lo lleve al terreno técnico y personal, a las nuevas políticas de Trump y a la renuncia a imponer condiciones al reconocimiento de la derrota, polarizadas siempre en la exigencia de la salida de Bashar Al-Assad del gobierno, un signo de que los tiempos han cambiado en Oriente Medio y, por lo tanto, quienes quieran ser protagonistas sobre el terreno deben tomar buena nota.

No es el caso de Israel, que no admite el acuerdo entre Estados Unidos y Rusia porque es otro de los grandes derrotados en la Guerra de Siria y, además, ha quedado fuera de juego.

Otro de los signos que cambian es el siguiente: ahora Rusia está desplegando 400 soldados en la zona de distensión del Golán para vigilar el cumplimiento del acuerdo de alto el fuego. Ni Siria, ni Irán, ni Hezbollah admiten otro tipo de tropas que sean rusas.

(1) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/cia-ramping-up-covert-training-program-for-moderate-syrian-rebels/2013/10/02/a0bba084-2af6-11e3-8ade-a1f23cda135e_story.html

(2) http://www.washingtonpost.com/world/national-security/trump-ends-covert-cia-program-to-arm-anti-assad-rebels-in-syria-a-move-sought-by-moscow/2017/07/19/b6821a62-6beb-11e7-96ab-5f38140b38cc_story.html


Más información:
- Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria

Sigue la ofensiva de la OTAN y los países bálticos en defensa del nazismo

Oficial de la ‘División Galicia’
La Cancillería rusa afronta una ola de mensajes basura en sus cuentas por publicar datos sobre los delitos cometidos contra civiles por los grupos rebeldes en los países bálticos tras la II Guerra Mundial.

Desde la desintegración de la URSS, dos de los países bálticos, Letonia y Lituania, elogian la actividad en sus territorios de la clandestinidad antisoviética conocida bajo el término genérico de “hermanos del bosque”. Este mes dicha práctica de alabanza ha recibido un nuevo impulso, al publicar la OTAN un vídeo que representa a aquellos guerrilleros como héroes en defensa de sus repúblicas frente a la invasión del este.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia dedicó varios comentarios a ese “vergonzoso intento de reescribir la historia y glorificar a los ignominiosos combatientes de las SS y nacionalistas”. Los diplomáticos recordaron también las cifras de las víctimas mortales del terror y la acción subversiva que se desencadenó en la segunda posguerra.

Así, según cálculos de la Historical Memory Foundation, entre 1944 y 1953 los integrantes del Ejército de Libertad Lituana y otros grupos nacionalistas rebeldes mataron a 887 personas en Estonia, 2.208 personas en Letonia y 25.108 personas en Lituania, de las cuales 1.045 eran niños.

Este jueves un portavoz oficial de la diplomacia rusa ha denunciado una campaña de comentarios y mensajes basura que atacan las páginas del Ministerio de Asuntos Exteriores y embajadas de Rusia en las redes sociales. Provienen en su mayoría desde Lituania, acompañados con una misma etiqueta en ruso, que se traduce a castellano como “Kremlin, no se reescribirá nuestra historia”.

Su contenido es idéntico y negativo, busca eliminar el trabajo en internet que llevan a cabo los diplomáticos para explicar el pasado común de los pueblos europeos y defender la verdad histórica. Algunos medios digitales, como fromua.news, han catalogado esta actividad como “un flashmob”.

Además, el 19 de julio fueron registradas varias llamadas a distintos teléfonos de la Cancillería con elementos de gamberrismo. Aquellos que llamaban exigieron retirar los datos sobre las salvajadas de la clandestinidad lituana en el tiempo soviético. Sin embargo, el Ministerio ha prometido continuar informando al público sobre aquellos que actualmente son alabados por la OTAN y sus países miembros.

“En mi opinión, decapitar a una persona aún viva o atormentar a muerte con una barra metálica a un representante de otra etnia para ostentar luego ante los vecinos cuántos tiene en su cuenta no es la lucha por la libertad, ni mucho menos un logro de la democracia”, comentó el presidente de la Asociación Rusa de Investigaciones Bálticas, Nikolái Mezhévich. Sin embargo, estas eran las prácticas habituales de los denominados “hermanos del bosque”, la clandestinidad antisoviética que actuaba con crueldad extrema.

“Los delitos más cruentos, horribles y escalofriantes, que estaban más allá de lo humano, se asocian específicamente con Lituania y no con Estonia o Letonia”, dijo el politólogo.

Asimismo el colaborador científico del Instituto de la Historia rusa de la Academia de Ciencias de Rusia, Alexánder Diúkov, estima que los “hermanos del bosque” lituanos eran “peores que los letones”. “Tenían menos vínculos con los nazis, pero en la escala de su actividad terrorista contra la población civil superan a todos los demás hermanos del bosque de las repúblicas bálticas”, explicó.

La diplomacia rusa no ha sido el único objetivo de ataques en esta campaña de alabanza de los partisanos nacionalistas. En el 2016 la periodista Ruta Vanagaite publicó un libro sobre la participación de lituanos en masacres de las población judía, cuyo título se traduce como “Los Nuestros”.

Ahora la autora sufre amenazas de venganza física y no es la actitud de un sector particular de la sociedad. El gobierno de Lituania tachó el libro como un “proyecto de Putin” y “amenaza a la seguridad nacional”.

Así son percibidos en Vilna los hechos que socavan la mitología nacionalista. “El objetivo está claro”, comentaron en el Ministerio de Exteriores ruso. “Es borrar de la historia nacional aquel hecho miserable, que entre 1944 y 1952, cuando unos lituanos acuchillaban con una rabia animal, sin piedad a los niños y los ancianos, a otros lituanos, que simplemente querían una vida tranquila y pacífica dentro de la URSS”.

https://actualidad.rt.com/actualidad/244883-delitos-lituania-hermanos-bosque


Más información:
- La OTAN hace apología de los críminales de guerra nazis que actuaron contra la URSS


La mayor parte de los ucranianos que lucharon en la ‘División Galicia’ de las SS eran ‘uniatas’, un rito católico, por lo que los curas celebraban misas rodeados de estandartes nazis

El Capitolio está muy cerca de la Peña Tarpeyana

Juan Manuel Olarieta

La ciudad de Roma se edificó sobre siete colinas. La más pequeña de ellas, el Capitolio, era el centro del poder político y religioso que, entonces eran casi lo mismo. En aquella cumbre había un templo consagrado a Juno, a Minerva y, sobre todo, a Júpiter, el dios de la guerra.

Cuando los generales volvían victoriosos de sus batallas se celebraba una solemne ceremonia, autorizada por el Senado. Consistia en subir con su carro desde el Campo de Marte hasta el templo de Júpiter. Era su mayor recompensa. Cuando alguien alcanzaba el Capitolio es porque estaba en la cumbre del poder y de la gloria (que es casi lo mismo).

Muy cerca del Capitolio estaba la Peña Tarpeyana (Saxum Tarpeium o Rupes Tarpeia) un acantilado donde se ejecutaba la pena de muerte empujando al condenado por el precipicio.

Hay varias narraciones al respecto. Una de ellas relata que en el año 390 antes de nuestra era, Marcus Manlius Capitolinus, miembro de una importante familia patricia, escuchó una noche los graznidos de los pavos consagrados al culto de Juno. Aunque los pavos no son pájaros, las expresiones populares no conocen de tales sutilezas biológicas: los pavos eran “pájaros de mal agüero” y su graznido era una señal de que algo malo estaba a punto de ocurrir.

El caso es que Manlius dio la alerta y, en efecto, comprobaron que, los galos se aprestaban a atacar a Roma. Sin embargo, gracias al aviso fueron vencidos y al patricio le cubrieron de honores, aunque poco después resultó defenestrado por motivos que la leyenda no aclara suficientemente. Algunos dicen que los humos se le subieron a la cabeza. El Capitolio ocupaba una posición tan elevada que Manlius se creyó por encima de todos. De ahí viene la expresión “El rey de Roma” (porque en aquella época, Roma era una república).

Comoquiera que fuese, le arrojaron por la Peña Tarpeyana. “Más dura será la caída”, sentencian desde entonces los más sabios, aunque nunca les hagamos caso. “De la gloria al fracaso no hay más que un paso”, dicen otros.

Con el tiempo la leyenda se convirtió en una alegoría que, en esencia, destaca la proximidad de los contrarios que, la mayor parte de las veces, nos los representamos como alejados uno de otro. Sin embargo, los opuestos siempre están muy cerca, no sólo cuando se trata de los de “arriba” y los de “abajo”. También ocurre en el tiempo, cuando una situación da lugar a su contraria: “Del árbol caído todos hacen leña”.

A los grandes éxitos van adheridos los más sonados fracasos. Al respecto el 2 de octubre de 1930 Stalin escribió en Pravda un memorable artículo, titulado “El vértigo del éxito”, en el que arrojó un jarro de agua fría sobre aquellos a los que la colectivización agraria se les había subido a la cabeza y no supieron ver ni los fallos, ni los errores, ni los excesos que se habían cometido. No entendieron, dice Stalin, cuál era el “eslabón principal” de aquel gigantesco salto económico y social.

La mayor parte de los debates estériles suelen ir por esos derroteros en los que el “eslabón principal” no aparece nunca y nadie sabe en qué punto se encuentra exactamente. Unos se creen en el Capitolio y otros en la Peña Tarpeyana. ¿La botella está medio llena o medio vacía? Durante la colectivización, lamentaba Stalin, algunos se habían dedicado a descolgar las campanas de las iglesias, lo que calificaba como “contrarrevolucionario”.

Cuando uno es capaz de coger “el toro por los cuernos”, decía Stalin, el resto de cadena aparece por sí misma. Si tuviéramos capacidad para desprendernos de la manera metafísica de abordar los problemas, no preguntaríamos si la botella está medio llena o medio vacía, sino si se está llenando o se está vaciando.

Tanto la Tabla de Mendeleiev en química, como la taxonomía de los seres vivos que describe la biología, acercan lo parecido y alejan lo distinto. La Ilustración asoció la verdad a las “luces” y la mentira a las tinieblas. La verdad ilumina; resplandece tanto que cualquiera puede discernirla del engaño o el fraude. “Con la verdad se va a cualquier parte”. Es convincente por sí misma. Basta con contarla para que los oyentes nos den la razón inmediatamente.

Ese tipo de concepciones son idealistas. A diferencia de la taxonomía, en la sabana los elefantes están muy cerca de las moscas. Es la diferencia entre la literatura y el mundo real, donde todo está tan entremezclado que nos deja “atolondrados”, como decía Stalin. No es fácil separar una cosa de su contraria.

Al contrario de lo que creen los idealistas, una dilatada experiencia histórica demuestra que lo que realmente brilla no es la verdad sino la mentira. Cuando a diario leemos o escuchamos determinadas informaciones de forma reiterativa, debemos ponernos alerta; lo más probable es que sean mentira. La verdad no la sirven en bandeja de plata; hay que buscarla y eso supone un esfuerzo. Cuando tenemos nociones que parece que siempre han estado con nosotros, que las hemos ganado sin esfuerzo, debemos empezar a dudar de nosotros mismos y a hacernos preguntas.

Los Estados del mundo difunden falsedades por internet como medio de control de la población

Un estudio de la Universidad de Oxford denuncia que la propagación de informaciones falsas en internet es una práctica que llevan a cabo los Estados de forma habitual. De esa manera los gobiernos pretenden influenciar y manipular a la población.

El estudio lo han dirigido Samantha Bradshaw y Philipp Howard y se ha publicado con el título “Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation” (*). Los autores han tomado una muestra de 28 Estados, concluyendo que el fenómeno se ha disparado tras 2010, cuando comienza el auge de las redes sociales.

Los partidos institucionales, las elecciones y los sondeos electorales se han convertido en los máximos protagonistas de los intentos de manipulación de los votantes mediante la difusión de información falsificada. Los últimos ejemplos los constituyen las presidenciales de Estados Unidos y las francesas, donde la manipulación se ha tratado de desviar mediante una segunda manipulación: difundiendo la cortina de humo de los ataques informáticos rusos.

El estudio analiza países muy diferentes, como Turquía, Siria, Rusia, Corea del norte, Gran Bretaña, Israel o Alemania. Algunos de estos países son los que más hablan sobre la necesidad de impidir la circulación de falsedades y “limpiar” internet de bulos, como si los mismos no tuvieran nada que ver con ellos.

Las falsedades se rigen por sus propias leyes. Una de ellas es que, como internet es un campo de batalla internacional, una de las grandes fuentes de desinformación son los espías y militares. La mayor parte de las noticias falsas se crean de manera premeditada, para crear caos y confusión en relación con las guerras existentes en el mundo. Internet ha facilitado mucho la tarea de las centrales de espionaje, en cuya tarea se auxilian cada vez más por periodistas, sicólogos e informáticos.

Otra ley es que una falsedad llega más lejos cuanto más poder tiene el que la emite, ese tipo de agencias de prensa y cadenas de comunicación “prestigiosas”. Sin embargo, para desviar la atención, han logrado cargar la responsabilidad de las falsedades contra los pequeños blogs y los sitios independientes de información.

(*) http://comprop.oii.ox.ac.uk/wp-content/uploads/sites/89/2017/07/Troops-Trolls-and-Troublemakers.pdf

jueves, 20 de julio de 2017

En Rojava lo que está en marcha es una contrarrevolución auspiciada por el imperialismo


El lunes la agencia de prensa turca Anadolu publicó un mapa con la ubicación geográfica de las bases militares donde se encuentran las fuerzas de Estados Unidos y Francia presentes en Rojava, para poner de relieve el apoyo militar que Washington y París están aportando a los kurdos del PKK/PYD.

La zona coloreada en verde en el noroeste (Al-Bab) está ocupada por el ejército turco, que también ocupa –fuera de Siria– el noreste de Chipre y la región de Bachiqa, en Irak.

Aunque Francia sigue negando el despliegue de militares franceses en Siria, dos de las bases cuya ubicación geográfica acaba de ser revelada albergan 75 militares de las fuerzas especiales francesas, aunque el año pasado el diario L’Humanité elevó la cifra a 170 soldados (1).

Indirectamente Estados Unidos siempre admitió que había instalado bases militares en el norte de Siria –y también en el sur de ese país– pero hasta ahora no se había revelado ningún mapa con su ubicación geográfica. Ahora el portavoz del Pentágono, Adrian Rankine-Galloway, ha protestado por la filtración turca porque pone en peligro la seguridad de sus fuerzas. Se sienten traicionados por uno de sus socios en la OTAN.

La instalación de bases militares en Rojava está siendo acompañada por declaraciones de los dirigentes kurdos en las que aseguran que no reconocerán los acuerdos que se adopten en Astana por parte de Rusia, Irán y Turquía, es decir, que se trata de un claro alineamiento con las posiciones del imperialismo estadounidense.

Aunque Anadolu sólo habla de dos aeródromos, la agencia kurda Bas News asegura (2) que el Pentágono ya ha iniciado la construcción de una tercera base aérea en Rojava, que será la más grande de la región. Las tropas de Estados Unidos también utilizan en el norte de Siria los de Kobane y Rumailan.

Los especialistas del ejército americano han iniciado las tareas del tercer aeródromo en una zona comprendida entre las localidades de Tel Tamra y Tel Baidar, a unos 40 kilómetros al oeste de Hasaka.

Las obras se iniciaron tras un viaje de Ilhan Ehmed, presidente del Consejo de Fuerzas Democráticas de Siria a Washington en enero de este año. La base tendrá capacidad para albergar a 5.000 soldados. Anteriormente estaba siendo utilizada por las fuerzas kurdas, que han tenido que desalojar las instalaciones para que lleguen las estadounidenses.

El secretario adjunto de Estados Unidos para los Asuntos Europeos y Euroasiáticos reconoció su alianza con el PKK/PYD, justificándola por motivos “tácticos”, una expresión que ha tenido una expansión feliz por todos los rincones. Desde luego que la “táctica” no ha llegado a Ginebra, donde Estados Unidos se ha opuesto a la presencia de los kurdos en la mesa de negociaciones, como proponía Rusia.

Los imperialistas sólo quieren a los kurdos como carne de cañón, no en los suntuosos salones de la diplomacia internacional, donde su futuro se negocia a sus espaldas.

En Rojava ya hay demasiadas bases militares para hablar sólo de “táctica”. Gracias a los kurdos Rojava se ha convertido en la región del mundo con más instalaciones militares para las tropas de Estados Unidos: nada menos que diez, como mínimo. Su objetivo es continuar manteniendo una guerra indirecta contra el gobierno de Damasco tras el fin del Califato Islámico, así como amenazar con un ataque a Irán.

El despliegue de bases militares del Pentágono es a todas luces excesivo, por lo que es muy posible que no todas ellas estén destinadas a albergar a tropas estadounidenses. Lo mismo que en el Kurdistán irakí, si el PKK/PYD sigue en brazos del imperialismo, no tardarán en ser utilizadas por los israelíes.

(1) http://www.humanite.fr/syrie-la-france-construit-une-base-kobane-609869
(2) http://www.basnews.com/index.php/en/news/middle-east/363791
 

El New York Times aconseja a Trump seguir apoyando al yihadismo en Siria

El 12 de abril el New York Times publicaba uno de sus repugnantes editoriales, firmado por Thomas Friedman, tres veces galardonado con el Premio Pulitzer, en el que aconsejaba a Trump apoyar militarmente al Califato Islámico en Siria y combatirlo al mismo tiempo en Irak.

El artículo se titula “¿Por qué Trump combate al Califato Islámico en Siria?”. Según el New York Times habría que hacer lo contrario, como hasta ahora: apoyarlo. Eso permitiría presionar a Bashar Al-Assad, Rusia, Irán y Hezbollah para que dimita del gobierno sirio.

El cínico periódico de Nueva York diferencia entre lo que califica como un Califato Islámico “territorial” que se extiende de Irak a Siria y otro “virtual” que recluta a sus peones a través de internet. Según el editorial, este último es satánico, cruel y amorfo, y disemina su ideología a través de las redes sociales, adoctrina a sus seguidores en Europa y en el mundo musulmán, por lo que es la amenaza más importante para el “mundo occidental”.

El Califato “territorial” es muy distinto del anterior, dice el cretino de Friedman, ya que tiene por objeto derrotar a Al-Assad y sus aliados, lo que le convierte en un punto de apoyo estratégico para Estados Unidos. Si fuera derrotado en Irak y Siria, los atentados del Califato “virtual” se multiplicarían en occidente para compensar la derrota del anterior.

No se puede ser más canalla: para el New York Times lo único importante son los atentados que se cometen en occidente; que una guerra atroz continúe en Irak y Siria no le importa lo más mínimo; incluso lo considera como algo bueno para Estados Unidos.

El periodista aconseja a Trump que permita que el Califato Islámico continúe con la guerra en Irak y Siria “de la misma manera que hemos impulsado a los muyaidines en la guerrra contra las tropas soviéticas en Afganistán” en los años ochenta. Hay que enviar misiles a los yihadistas para que derriben los helicópteros y aviones de caza que utilizan los sirios, los rusos y los iraníes en Siria.

Hasta la etapa de Obama, el Califato Islámico sólo era un apoyo estratégico, pero indirecto, mantenido por la CIA de manera oficiosa, como admitió John Kerry en una reunión en Washington con la “oposición siria”. El yihadismo tenía como objetivo forzar a Bashar Al-Assad a negociar su propia dimisión.

Ahora el New York Times pone encima de le mesa lo que desde 2011 ha constituido la política imperialista en Siria, cínica, velada y mil veces negada. Ellos mismos se han quitado las máscaras y el destape hay que agradecérselo a la derrota del yihadismo en Siria, que ha obligado a que las grandes cadenas de comunicación confiesen lo inconfesable.

Naturalmente que ya lo sabíamos, pero queríamos oirlo de sus propios labios: ellos no combaten al yihadismo; son el yihadismo (incluido el New York Times).

https://www.nytimes.com/2017/04/12/opinion/why-is-trump-fighting-isis-in-syria.html

Alemania ha ganado 1.340 millones de euros prestando dinero a Grecia

El ministro alemán de Finanzas ha reconocido que su país ha obtenido 1.340 millones de euros beneficios prestando dinero a Grecia, según el diario alemán Süddeutsche Zeitung. La mayor parte de ellos proceden de préstamos del Banco Central Europeo.

Alemania y la Unión Europea no han “salvado” a Grecia, sino al revés. Un auténtico saqueo institucional que sólo ha sido posible gracias a Tsipras y su infumable Syriza, auténticos vendidos al capital financiero europeo que no han vacilado en sacrificar a los trabajadores, pensionistas y a los sectores más humildes de la sociedad.

La parte de león de los beneficios alemanes procede del Banco Central Europeo que entre 2010 y 2012 puso en marcha el programa SMP (Securities Market Program) para comprar préstamos públicos en la zona euro y, especialmente, de Grecia.

Dice el Süddeutsche Zeitung que después de 2015 el Bundesbank, el banco central alemán, ha obtenido unos beneficios de casi 1.000 millones de euros procedentes del programa SMP.

Entre 2013 y 2015 se aprobó que los beneficios obtenidos por el Banco Central Europeo por el dinero prestado a Grecia se debía devolver a los Estados miembros de la zona euro a fin de que fueran transferidos a Grecia para aliviar el peso de las deudas.

No obstante, el acuerdo se paralizó en 2015 por las tensiones entre los acreedores, que estaban en crisis, y el gobierno griego, sobre todo en la etapa en la que Varufakis estuvo al frente de de la economía griega, ya que éste pretendía renegociar completamente los acuerdos con las instituciones de Bruselas.

Tras la cumbre del eurogrupo del mes pasado, en el comunicado final se ha vuelto a mencionar el transvase de los beneficios de los bancos centrales. Si Grecia pone en funcionamiento del programa de ajuste de aquí a 2018, se podrán restituir los beneficios obtenidos este año por el Banco Central Europeo, aunque no los realizados en 2015 y 2016, indica dicho comunicado.

En 2015 el montante de deuda griega en poder del Banco Central Europeo que seguía generando intereses se elevaba a 27.000 millones de euros. Varufakis quiso declarar el impago de esta suma, el llamado Plan X, para forzar a las instituciones financieras europeas a revisar las condiciones de pago.

Le obligaron a dimitir porque quien manda en el gobierno de Tsipras no es Tsipras sino el capital financiero europeo.